Una Camioneta en Guatemala

Cuando los vi por primera vez –justo después de cruzar la frontera entre México y Guatemala-, no tenía idea de la importancia que iban a tener en los siguientes días del recorrido por el país. Los estadounidenses los conocen como chicken buses y los guatemaltecos como buses o camionetas. Unen todos los rincones de Guatemala, y cada uno de ellos es distinto al otro. La historia de una camioneta de transporte público está dividida en dos vidas: la de los tiempos de School Bus, y la de las rutas centroamericanas.

Camioneta con el Volcán Agua al fondo

Cuando le pregunté a Pedro si podía hacerle un par de fotos a su camioneta, no solamente me dijo que sí, sino que me contó detalladamente su biografía rutera. Porque según él, los buses tienen alma; no son solamente un montón de fierros y ruedas, sino que incluso pueden formar parte de una familia.

Unos días después volví a ver el documental La Camioneta (disponible en Netflix), que también trata el tema, y se me ocurrió escribir algo del interesante medio de transporte de tantos países centroamericanos.

 

School Bus

En sus primeros años de vida, una camioneta está llena de niños estadounidenses o canadienses en camino a alguna escuela. Los anuncios de “This Bus Stops at Every Corner” (“Este Autobús Frena en Cada Esquina”), las intermitentes y la baja velocidad son parte de su vida diaria. Por las calles de los países norteamericanos circula atenta a absolutamente todas las normas de tráfico y sus condiciones mecánicas son revisadas al final de cada jornada para garantizar la seguridad de los estudiantes.

En Estados Unidos y Canadá, las luces traseras de los autobuses escolares se activan entre 30 y 90 metros antes de que éste frene a descargar pasajeros. Algunos incluso cuentan con sistemas de navegación GPS, y nunca falta el letrerito de STOP a un costado de la ventanilla del conductor. Ver un School Bus llevando niños a las escuelas en Canadá es ser testigo del orden con que funcionan los países desarrollados.

 

El retiro y la compra.

Entre ocho y doce años después de haber salido de la fábrica, el School Bus es enviado a un gran estacionamiento junto con cientos de otros autobuses. Según las leyes del país en cuestión, sería inseguro que siguieran prestando servicio. Básicamente se tratan como chatarra, y se venden a precios ridículos en subastas donde interesados llegan desde Centroamérica y África para participar en las negociaciones.

En el documental La Camioneta, se muestra el trayecto que hacen los transportistas para llevar un School Bus desde Estados Unidos hasta Guatemala. Básicamente se hace el viaje hacia el norte en un vehículo chico (un miniván o un coche compacto), se compra un autobús en subasta, y se regresa con el coche remolcado en la parte de atrás.

Más de mil kilómetros de viaje por carreteras estadounidenses, mexicanas y guatemaltecas se recorren en jornadas de 16 horas seguidas conduciendo. ¡No me imagino el agotamiento de los conductores al llegar!

Un autobús recién llegado desde Estados Unidos y sin acondicionar cuesta, en territorio guatemalteco, alrededor de Q80,000 (más o menos diez mil dólares). Jornaleros en el campo y empleados con salarios bajos ahorran durante años para hacerse de un bus y poder independizarse. Tener una camioneta es un orgullo familiar. Es contar con una empresa propia. Es tener un vehículo que se cuida como pocas otras cosas.

El toque personal

¿Qué sería de Latinoamérica sin el color? Una camioneta despintada sería como un día de muertos en blanco y negro o como confeti de papel gris. El negro y amarillo reglamentario de los autobuses escolares estadounidenses parece demasiado aburrido para mezclarse con el alma guatemalteca, así que lo primero que hacen los dueños es enviar su camioneta a algún taller especializado.

Ahí comienza la transformación: lo primero que se hace es ocultar los rótulos de School Bus en los laterales y la parte trasera del autobús. Todo el amarillo se sustituye por una serie de colores que representan a la empresa de la que es propiedad cada camioneta. Los guatemaltecos saben reconocer perfectamente una de otra con sólo ver de qué color va pintado el autobús; incluso muchos locales tienen empresas preferidas, ya sea por el precio o por la calidad del servicio. Como extranjero, es fácil ver a todas las camionetas iguales.

Esta camioneta -por ejemplo- pertenece a la empresa “Orellana”

Algo que me sorprendió durante los viajes que hice en el transporte público de Guatemala, es la limpieza de los autobuses. Como los conductores son -en su mayoría- los dueños de cada camioneta, la cuidan y la mantienen en perfectas condiciones. Nunca me subí a una camioneta sucia.

Cosas que pasan durante un viaje en camioneta.

Viajar en Chicken Bus es ir a los saltos todo el camino. Hay que saberlo y estar preparado. Lo mejor, si no te gusta que el asiento desaparezca por unos segundos en cada bache, es no sentarse en la parte de atrás. Si los pasajeros del medio se quejan por un túmulo (palabra guatemalteca para tope, lomo de burro o policía acostado), es probable que al fondo, la cabeza de más de alguno haya tocado el techo.

Dicho esto, al menos los saltos van musicalizados todo el camino. La música rap o reggae cansa después de unas horas a todo volumen, pero es imprescindible en una camioneta. Otros Chicken Buses llevan música de marimba, ¡incluso escuché a The Beatles de camino a Antigua!

Y un viaje en camioneta es lento. Nada de shuttles turísticos a toda velocidad. Un Chicken Bus frena ante quien sea que levante la mano a un costado del camino. No importa si es en medio de una autopista o en el pueblo más chiquito: la camioneta frena. Y una vez el pasajero sube (o baja), volver a ganar velocidad suena como una tortura para el motor.

Un detalle para tener en cuenta si se piensa hacer un viaje largo en camioneta es el tema de los asientos. Los autobuses escolares están precisamente diseñados para transportar niños a la escuela, y los niños tienen piernas más cortas que los adultos. El resultado de todo esto es que la distancia entre las filas de asientos es demasiado chica para ir derecho, y todos los pasajeros tienen que ir en posiciones extrañas para entrar sin ir parados.

¡Ah! y si pensabas que en un asiento para dos personas deberían ir dos personas, prepárate para ver la habilidad de los ayudantes para llenar un autobús hasta su verdadero límite.

Precios.

Viajar en camioneta es la opción más barata para recorrer Guatemala. Una hora de viaje cuesta aproximadamente Q10 (poco más de un dólar).

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