San Salvador, Suchitoto y el Amor por las Pupusas

Después de visitar la escuela Casa la Atarraya en Ahuachapán y conocer los esfuerzos que Jessica y su familia hacen por mejorar la vida de cientos de salvadoreños, viajo con ella hasta la ciudad de Santa Tecla. Me sorprende que en apenas dos horas hayamos atravesado prácticamente la mitad del país, incluso haciendo varias paradas en el camino.

Bajamos a un costado de la plaza central y nos dirigimos al único hostel de la ciudad. La puerta está cerrada y no parece haber nadie alrededor, así que vamos a un pequeño hotel en el que finalmente consigo una habitación individual. Me despido de Jessica y le agradezco infinitamente haberme permitido conocer una cara poco turística de su país.

¿Qué te Pasó, San Salvador?

Tomando como base Santa Tecla, decido viajar hacia San Salvador para conocer la capital del país. El recorrido dura poco más de media hora, aunque el calor que hace en esta parte del mundo parece estirar cada segundo al doble. Después de pasear por el centro y darme una vuelta por el mercado, solo puedo pensar una cosa: San Salvador es la capital más sucia y desordenada que conozco. Me deja boquiabierto la cantidad de puestos callejeros invadiendo cada centímetro de la vía pública y los cerros de basura por doquier. Es imposible hacer una fotografía decente de los edificios históricos, ya que siempre están cubiertos por toldos y lonas que funcionan como techos improvisados para el comercio.

A un costado del mercado, en pleno centro de la ciudad, me encuentro por accidente en una amplia avenida donde no hay una sola persona y el ambiente es bastante desolador. Antes de que suceda algo más, decido volver a Santa Tecla y planear el viaje a mi siguiente destino.

El centro histórico de San Salvador

Al día siguiente, salgo temprano de mi hotel con el objetivo de llegar a Suchitoto: la ciudad colonial más visitada del país. Estoy nervioso porque para llegar debo cambiar de autobuses en San Salvador y si pudiera elegir, preferiría no volver a pasar por esa ciudad.

Bajo del primer transporte en el Monumento al Divino Salvador del Mundo -uno de los símbolos de la capital-. Desde ahí tomo una minivan hacia la Terminal de Oriente, donde desde el primer momento noto que algo no anda bien.

El conductor se detiene bruscamente ante la señal de un policía que está acordonando la calle, hay cuatro personas alrededor de alguien que está tirado en el suelo y gente afuera de los comercios intentando averiguar qué sucedió. Yo me dirijo directamente a la terminal y abordo el primer autobús con destino a Suchitoto. En el camino, me entero gracias a las redes sociales que dos soldados fueron asesinados a balazos hace apenas unos minutos fuera de la terminal. Si bien nunca me sentí en riesgo inminente, en aquel momento la noticia me cayó como un baldazo de agua fría: la violencia en El Salvador está siempre a la vuelta de la esquina.

Suchitoto: El Pueblo Bonito de El Salvador

Después de poco más de una hora atravesando el verde más intenso del país, el autobús se detiene en la entrada a Suchitoto. Para llegar a la plaza central hay que caminar por una subida, siguiendo las torres de la iglesia que se ven a lo lejos. Como el resto del país, Suchitoto a mediodía es un horno a máxima potencia, y quizás es por es que el pueblo parece abandonado hasta que el sol comienza a ocultarse.

La Iglesia de Santa Lucía, construida en 1853

Dejo las mochilas en el hostel, me doy una ducha (que con este clima siempre viene bien) y vuelvo al centro del pueblo cuando no hay tanto riesgo de morir quemado. Algo que ya había percibido en Santa Tecla, pero a lo que no había prestado demasiada atención es que en El Salvador la gente saluda sin ningún motivo: vas caminando de un lado a otro y recibes los buenos días del panadero, del encargado de la pulpería y de la señora que vende pupusas afuera de su casa. En este aspecto, Suchitoto no es la excepción y a pesar de que es un pueblo mucho más pequeño que Antigua (por comparar con otra ciudad colonial de la región), su gente hace que me sienta como en casa.

La plaza central es el epicentro de la vida diaria en Suchitoto
Como verán, se trata de un pueblo bastante tranquilo
Con muchas fachadas descascaradas

La Insuperable Pupusa Salvadoreña

Antes del anochecer, voy al puesto de pupusas más famoso de la ciudad para cenar el platillo que llevo comiendo todos los días desde que ingresé al país. Así como en México hay toda una sub-cultura dedicada a los tacos, en El Salvador la vida gastronómica gira en torno a las pupusas. Una especie de punto intermedio entre las gorditas mexicanas y las arepas de Colombia y Venezuela, estas delicias son lo primero que me viene a la mente cuando pienso en El Salvador. Se comen acompañas de repollo encurtido, bañadas en salsa de tomate y rellenas de frijoles refritos, queso y/o loroco (una flor típica del país). Me perdonarán los demás países centroamericanos, pero las pupusas salvadoreñas se llevan el premio al platillo más delicioso de la región.

Nota: Ninguna fotografía de las que tomé hace honor a lo que son las pupusas. Para entenderme, tendrán que viajar a El Salvador y probarlas ustedes mismos.

 

El Lago Suchitlán

Al día siguiente y ya sin mucho hacer en el pueblo, abordo un autobús con destino al Lago Suchitlán, un par de kilómetros al norte del pueblo. Considerado el cuerpo de agua más grande del país, el lago es visitado por miles de turistas nacionales cada año. Si bien no cuenta con ningún atractivo espectacular, no dudo un segundo en meterme al agua para quitarme de encima los cuarenta-y-tantos grados centígrados a la sombra. Después de unas horas, abordo nuevamente un autobús y vuelvo a Suchitoto, donde decido una vez más expandir la ruta original y conocer un nuevo país centroamericano:

¡Honduras, allá voy!

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