Primeras Aventuras Hondureñas

Misión Honduras

Centroamérica es una parte del planeta donde lo que se ve en los mapas hay que tomarlo siempre con pinzas. La distancia que separa a Suchitoto en El Salvador de Copán Ruinas en Honduras parece corta en el papel, y por eso mi plan es partir temprano por la mañana desde el hostel y llegar a destino antes del atardecer.

Amanece en El Salvador y rápidamente la temperatura comienza a aumentar. El primer objetivo del día es llegar a la población de Aguilares, una de las cinco escalas que hay que hacer para llegar a Copán Ruinas. El viaje de apenas veinte kilómetros tarda una hora en un viejo autobús que se detiene decenas de veces para subir y bajar pasajeros en el camino. Al llegar al pueblo, camino un par de cuadras y espero casi cuarenta minutos hasta que aparece el siguiente transporte con destino a Citala, en la frontera hondureña.

Tiene mucha razón el letrerito

Con el calor pegajoso del mediodía, debo hacerme camino entre cambistas, vendedores y gente sin mucha ocupación en un cruce fronterizo sucio y desordenado. Después de salir de la oficina de migración salvadoreña, camino unos quinientos metros por tierra de nadie hasta llegar a Honduras, donde al menos sellan mi pasaporte y me dan un recibo oficial a cambio de los tres dólares que hay que pagar para ingresar al país. Ahí, abordo un taxi compartido que me lleva hasta la localidad de Ocotepeque.

 

Si en México me quejo de que hay que esquivar baches en algunas calles descuidadas, en Honduras lo que sucede con las carreteras es un auténtico desastre. No son baches ni imperfecciones, sino verdaderos cráteres los que aparecen en medio del asfalto y hacen imposible ir a una velocidad decente. Zigzagueando por mis primeras rutas hondureñas, consigo viajar desde Ocotepeque hasta Santa Rosa de Copán, donde decido pasar la noche cansado de la odisea que es cualquier trayecto en estas latitudes.

El centro de Santa Rosa de Copán

Si bien Santa Rosa es promocionada como un atractivo turístico de Honduras, lo cierto es que no le encuentro mucha gracia fuera de su plaza central. Al día siguiente me dirijo hacia la localidad de La Entrada, donde un señor anuncia -por fin- la salida del próximo autobús hacia mi ansiado destino: Copán Ruinas.

 

Problemas Logísticos en Copán Ruinas

A pesar de que el principal atractivo de la zona sigue siendo el complejo arqueológico, Copán Ruinas es un pueblito agradable que hasta ahora parece permanecer inmune a la terrible violencia que afecta al resto del país. Eso sí, la falta de infraestructura confiable es un mal de todo Honduras, y ¡qué mal rato le puede hacer pasar a un turista extranjero recién llegado!

La vida es tranquila en Copán Ruinas

Resulta que después de haber tenido problemas con varios cajeros automáticos en la ciudad de Santa Rosa, llego a Copán Ruinas y lo primero que hago es probar con todos los bancos del pueblo sin ningún resultado. Al llegar al hostel conozco a Albert, un chico holandés que tiene el mismo problema que yo, y juntos nos dirigimos a Western Union como último recurso para conseguir efectivo.

Cuando finalmente puedo hacer la transacción, recibo fajos de billetes de 1, 5 y 10 Lempiras que ocupan la mitad del espacio en mi mochila. Jamás imaginé que algo tan básico como poder ir a un cajero y retirar dinero pudiera ser tan complicado en este país.

 

Un Pueblo Tranquilo en Medio del País más Violento del Continente

Aparte del pequeño contratiempo, Albert y yo dedicamos un par de días a recorrer el pueblo. Paseamos por la plaza central, probamos las famosas baleadas y nos empapamos del ambiente tranquilo que se siente entre sus calles empedradas. Si bien no es ningún secreto que la zona vive principalmente gracias turismo, se trata de un sitio que ha adquirido personalidad propia con el paso del tiempo.

Una mañana nos dirigimos hacia las famosas ruinas y yo decido no entrar. Después de ver Chichen Itzá y Palenque en México y con Tikal en la ruta de viaje, siento que no merece la pena pagar los quince dólares que cuesta el ingreso.  Me doy una vuelta por la selva que rodea al complejo arqueológico y volvemos al pueblo después de un par de horas.

Con ganas de conocer más del país, decido modificar mi ruta original y en lugar de cruzar a Guatemala al día siguiente, modifico mi plan para acompañar a Albert rumbo a la costa hondureña. Mañana nos espera un largo día y una breve visita a la llamada ciudad más violenta del mundo: ¡San Pedro Sula, allá vamos!

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