La Decepción de Tikal

Cuando en la sala común del hostel en San Salvador dije que había viajado por Guatemala, pero no había conocido Tikal, nadie pudo creerlo. Y es que a pesar de que tenía planeado visitar las ruinas después de El Salvador y Honduras, para muchos Guatemala simplemente no existe sin el famoso sitio arqueológico del Petén.

 

Parte 1. La maldición.

Ubicación: El peor hotel del mundo (ratones incluidos), Ahuachapán, El Salvador.

Antes de viajar por Guatemala había leído un relato de Aniko Villalba en el que cuenta cómo no pudo visitar Tikal por culpa de un mosquito portador del dengue. En la clínica que la atendieron, una de las enfermeras le dijo que había caído en la “Maldición de Tikal” que -según ella- se posaba sobre los viajeros que querían visitar la zona arqueológica. Obviamente jamás creí que yo sería una víctima más.

Y ahí estaba yo, en un hotel de mala muerte, con un dolor de cabeza que no podía más y -como si fuera poco-, un tobillo torcido que me dolía a cada paso. Dengue y torcedura. La maldición de Tikal atacaba de nuevo.

 

Parte 2.

Me desperté al día siguiente sin dolor de cabeza, pero con el tobillo inflamado. Al menos los signos del dengue habían desaparecido después de una semana. Por un lado, no quería ni levantarme de la cama, pero después de ver un ratón corriendo por el techo de la habitación, no estaba dispuesto a pasar un minuto más ahí dentro.

Tomé la decisión de continuar con el viaje, recorriendo más de El Salvador y Honduras, para volver después por el norte de Guatemala. La maldición de Tikal no podría conmigo.

 

Parte 3. Tú eres un turista. Y los turistas tienen dinero.

Llegué a El Remate -un pueblito a la orilla del lago Petén Itzá- casi tres semanas después de la noche de los ratones. El tobillo dolía sólo cuando caminaba tramos largos, y lo único que quedaba del dengue era un par de manchitas en la piel. Esperé unas dos horas a que pasara el autobús que recorre los 35 kilómetros hasta Tikal. Cuando finalmente llegó, el conductor quiso cobrarme 50 Quetzales. ¡¿QUÉ?! ¡Más de 6 dólares por un recorrido de 45 minutos! Los locales pagan poco más de un dólar, pero claro: soy un turista. Y los turistas tienen dinero.

Dejé que el autobús se fuera y a los pocos minutos conseguí un viaje a dedo gratuito. Ahí comencé a darme cuenta de que, en Tikal, ni los precios ni el trato de la gente tienen nada que ver con el resto de Guatemala.

A la entrada del Parque Nacional Tikal, hay que pagar Q100 por el ingreso. Había leído antes y no me molestó en absoluto. Sé que hay zonas que requieren dinero para mantenerse en buena condición, y que buena parte de El Petén vive del turismo. Pagué y seguimos viaje.

En cuanto llegamos al módulo de atención, el conductor siguió su camino y yo comencé a buscar un sitio para acampar. Pregunté en el camping oficial y cobraban Q50. Estaba atardeciendo y quería visitar las ruinas ese día y el siguiente (el boleto vale por dos jornadas), así que me resigné y pagué. Me hice amigo de un taiwanés que estaba viajando y lo ayudé a conseguir los precios de turista que habla español (porque a él le querían cobrar todo al doble que a mí).

No pudimos dormir casi nada, porque en la noche comenzamos a escuchar un ruido extraño y nos asustamos mucho. Al día siguiente nos enteraríamos de que se trataba de los monos aulladores, que además son inofensivos, pero ya era demasiado tarde. Abajo el vídeo con el soundtrack de nuestro camping en Tikal.

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Parte 4. Una botella de agua, por favor.

Nos levantamos a las 4 de la mañana listos para ver el amanecer desde el Templo IV. Fuimos a la entrada y oímos a lo lejos ¡son 100 Quetzales por entrar temprano!

Y ahí no supe si reír o llorar. 6 dólares para llegar (que afortunadamente no pagué), 12 para ingresar, 6 para acampar, ¡otros 12 para ingresar temprano! y 6 para volver. Discúlpenme, pero yo paso. El taiwanés pagó y yo me fui a dormir un poco más, hasta poder ingresar sin pagar extra.

A las 7 de la mañana, desarmé la tienda y me dirigí nuevamente a la entrada. Se me había terminado el agua que llevé desde Flores, así que fui a comprar una botella primero. ¡Veinticinco quetzales por medio litro de agua! Yo me deshidrato, pero tres dólares por algo que cuesta menos de cincuenta centavos, ni loco los pago.

En el camino hacia las ruinas me encontré con el taiwanés. El cielo había estado muy nublado y no había visto ni luces del amanecer. Estaba más enojado que yo, pero prefirió acompañarme antes de pagar precio de turista que no habla español por el boleto de regreso.

 

Parte 5. ¡Por fin las ruinas!

Porque después de la tormenta viene la calma y después de la noche llega el amanecer. Con sed y poco dinero, finalmente conocí las ruinas de Tikal. Realmente son LAS RUINAS. Nunca había estado en una zona arqueológica tan imponente como esta, y estoy seguro de que al final el balance resultó positivo. A pesar de todo, los mayas ganaron.

Caminé por la Calzada Méndez hasta el Templo de las Inscripciones (el más alejado del complejo central) y realmente me sentí en contacto con la naturaleza. Los monos aulladores que no me dejaron dormir la noche anterior, ahora se paseaban por las copas de los árboles y las tonalidades verdes y marrones de la selva me atrapaban como nunca.

La vista desde el Templo IV es magnífica: las partes altas de las demás construcciones sobresalen entre la espesura de la jungla, y aunque la subida es pesada, merece la pena el esfuerzo.

Cerca del complejo central, la Plaza de los Siete Templos no requiere mucha explicación, pero es realmente impresionante ver cómo tantas construcciones se elevan una al lado de la otra alrededor de una misma área.

El Mundo Perdido es otro complejo alucinante al que se puede entrar por medio de un túnel. Es un lugar lleno de grabados y motivos que, si se ven detenidamente, muestran un poco de la vida maya muchos años atrás.

Y ni hablar del Complejo Central. Los dos templos más impresionantes de Tikal enfrentados en una misma plaza. Si se llega temprano (a las 7 de la mañana es buena hora), se tiene todo el lugar para uno mismo; sin un solo turista alrededor. Es un lugar ideal para sentarse a imaginar cómo era todo eso cuando los habitantes originales aún vivían. Pocos sitios conservan tanta energía.

Epílogo.

Conocí Tikal y me siento orgulloso de ello. La maldición no pudo conmigo, y vi las ruinas más alucinantes que pude imaginar. Es un sitio indescriptible al que volvería mil veces si no implicara toda la experiencia previa. Tikal es inmenso, tiene muchos rincones por explorar y está muy en contacto con la naturaleza.

Sin embargo, yo me quedo con la otra Guatemala. La Guate que me conquistó desde la gente, la que me puso en contacto con comunidades de cuya existencia no tenía ni idea, la Guate de los mercados de color y los paisajes alucinantes desde el Volcán Pacaya. Me quedo con el país auténtico, sin exceso de maquillaje.

Yo prefiero esta cara de Guatemala

Tikal es hermoso pero el resto de Guatemala es apasionante. Y me pone triste ver cómo viajeros como el chico taiwanés se quedan con la sensación de estar siendo estafados una y otra vez, y deciden acelerar su paso por un país que tiene mucho más para ofrecer. Un país con muchos atractivos, que sin embargo centra su economía turística en unos pocos y termina arruinando la experiencia de los que queremos conocer sin gastar fortunas.

Si me preguntar si ir o no a Tikal, les diría que tuvieran algunos temas en consideración.

  • Si van a pasar muy poco tiempo en Guatemala, y por ir a Tikal sacrifican otros lugares como Chichicastenango, los Cuchumatanes o el Lago Atitlán, mejor déjenlo para otro viaje.
  • Si pretenden una experiencia relajada y económica como la visita a las ruinas de Palenque, sepan que en Tikal van a gastar más de la cuenta. Miren su presupuesto y, si alcanza, adelante.
  • Si han recorrido buena parte de Guatemala, y están enamorados de la calidez de la gente, los paisajes, la cultura y los chocobananos, vayan a Tikal. Entenderán que la mala onda de los guardias, y los precios exorbitantes son sólo una excepción en un país que da para mucho más. Disfruten las ruinas y déjense atrapar por la naturaleza.

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