Belice, ¿Centroamérica?

Desde que puse un pie en Belice, he comenzado a dudar si en realidad sigo viajando por Centroamérica. El GPS del celular me lo confirma, pero lo que veo no coincide con mis expectativas. Belice es un país muy distinto a sus vecinos principalmente por dos motivos: es una de las naciones más jóvenes del continente y  -a diferencia del resto de Centroamérica y México-, su territorio no fue colonizado por los españoles sino por el Imperio Británico.

Welcome to Belize. Primeras impresiones.

¡Bienvenidos a Belice!

Las primeras impresiones de Belice condensan todo aquello que me sorprenderá durante mis próximos días por el país. Después de estampar el sello de salida de Guatemala, cruzo el puente que une ambas naciones y llego a la oficina de Migración Beliceña. Apenas entrar, tengo un déjà vu; desde los oficiales afroamericanos hasta los cartelitos en inglés, todo es sospechosamente similar a Estados Unidos. Lleno una forma de entrada y cuando el inspector me pregunta por mi edad, le muestro el Formato SAM (documento que sirve para salir solo de México como menor de edad). Sella el pasaporte, ¡pero solo me da 1 día de estancia en el país!

Sello de entrada a Belice

Apenas hay gente afuera de la oficina. Dos taxistas que esperan clientes quieren cobrar BZD30 (USD$15) por el viaje a San Ignacio. Opto por dejarlos pasar y me dirijo a un Chicken Bus que está estacionado a un costado de la tienda Duty Free. Abordo y no creo lo que ven mis ojos. Todos los pasajeros (unos 50 al menos) son afroamericanos, buena parte de ellos lleva rastas y no hay uno solo que no sonría. Además, entre ellos hablan un inglés del que no entiendo ni la mitad. Pregunto a una señora el precio del viaje y me responde “three dollar baby”.

Belice utiliza su moneda (el dólar beliceño) con la misma frecuencia que el dólar estadounidense, a razón de 2BZD por 1USD. Pregunto “3 Belizean?” y mientras la señora dice que sí, otra chica grita sonriendo “¡You can pay me 3 american if you want!”. El conductor enciende el autobús y con él, la música reggae a todo volumen.

A los saltos y con las bocinas a punto de explotar, llegamos a San Ignacio. Pregunto al conductor dónde debo bajarme para ir al hostel, y en dos segundos tengo a medio autobús explicándome y discutiendo para indicarme el camino más rápido. Quizás esos primeros minutos en el país son los que hacen que cada vez que pienso en Belice me venga a la cara una gran sonrisa.

 Belice Garífuna.

La población Garífuna, conformada por descendientes de los antiguos esclavos africanos enviados a América por los antiguos imperios coloniales, está presente en todo Belice y algunas partes de Guatemala, Honduras y Nicaragua.

Desde la primera experiencia en el autobús que sentí la alegría Garinagu; ellos están orgullosos de sus orígenes y tradiciones, de su música, de sus danzas, y de las deliciosas cassava chips que están por todos lados.

Uno de los aspectos más interesantes es la lengua que hablan entre ellos. Puedo captar un poco el principio de las conversaciones, pero de pronto dejan atrás el inglés y todo se vuelve inentendible. Lo que sucede es que en Belice se generó una mezcla entre la lengua Garífuna (con orígenes africanos) y el inglés oficial de la época colonial. Se parece un poco al acento de los afroamericanos en Estados Unidos, pero es clara la influencia no-latina en algunas palabras.

Actualmente, la lengua oficial es el inglés, pero por las calles, las paredes y los parques del país, se pueden leer frases como:

 

Belice Chino.

Si el tema de la población Garífuna es algo que se puede esperar en toda Centroamérica, la cantidad de chinos que veo en el país me toma por sorpresa. La diversidad cultural en Belice me trae recuerdos de Toronto y Londres, pero la gran diferencia es que mientras Canadá e Inglaterra son famosos por acoger gente de todos los rincones del planeta, dudo que muchos sepan ubicar a Belice en el mapamundi.

La migración asiática a la zona comenzó durante la época en que el territorio actual de Belice formaba la llamada Honduras Británica. Con el auge de la industria azucarera (que hoy en día aún representa el 9% de las exportaciones del país), cientos de trabajadores chinos fueron contratados para trabajar en la colonia. Las terribles condiciones laborales hicieron que buena parte de ellos incumplieran los acuerdos y buscaran refugio formando familia con la población maya del lugar. Fue ahí que Belice comenzó a poblarse de descendientes chinos.

Pero el aumento de la población oriental no terminó ahí. El programa de ciudadanía a cambio de inversión en Belice que inició en 1986, atrajo la atención de un buen número de chinos que buscaban la nacionalidad de un país neutral que les brindara más libertades que la China de los 90’s. Así, hoy en día prácticamente todas las tiendas y negocios del país son atendidas por chinos.

Otros Belices.

Como si las poblaciones Garífuna y China no fueran suficientes, otros expatriados han establecido su residencia en Belice, formando parte de las minorías que conforman el mosaico cultural del país.

Una masacre en Bacalar, un pueblo al costado de la laguna homónima al sur de México provocó el éxodo de 10,000 mexicanos que cruzaron el Río Hondo hacia Belice entre los años 1848 y 1856. En ciudades como Corozal y Orange Walk, su presencia es clara. Adoptaron el idioma inglés de a poco, y se integraron en la vida diaria de los beliceños.

En Corozal, tengo la oportunidad de conocer a un policía que nació en Belice después de que sus abuelos huyeran durante la Revolución Mexicana y establecieran su familia en la aún llamada “Honduras Británica”.

Con una historia similar a la de los chinos, la población india en Belice juega también un papel importante. Sobre todo, en el Distrito de Cayo, se pueden distinguir por su fisionomía y su acento. Buena parte de ellos sigue practicando tanto su religión como sus costumbres, haciendo posible encontrar currys, naans y samosas por las calles del país.

El paraíso

El tema de los precios.

Belice es un país muy chico y su población es mínima: 300,000 personas en todo el territorio nacional. Las empresas grandes prácticamente no existen, y buena parte de los bienes de consumo se tiene que importar. Por ese y otros motivos, Belice puede ser bastante caro con respecto al resto de los países centroamericanos.

Y digo puede ser porque, mientras los precios de algunos productos son una locura (pan con chocolate y café por BZD$30), otros son incluso más baratos que en México o Guatemala (plátano a BZD$0,5 la libra o 1kg de avena por BZD$1). Es cuestión de adaptarse a las costumbres gastronómicas locales. En cuanto al alojamiento, con mucho regateo se pueden conseguir camas en dormitorio por BZD$20.

Lo que es muy barato en Belice es el transporte. Para cruzar el país desde la frontera con Guatemala hasta Chetumal, México, no deberías pagar más de BZD$15. Viajar en Chicken Bus por Belice (y por cualquier otro país centroamericano) es una experiencia imperdible por sí misma.

En líneas generales, es posible viajar barato por Belice. Eso sí, ir a la zona de los Cayos y hacer actividades como snorkel o buceo es lo más caro del país, y puede romper cualquier presupuesto en un solo día. Una amiga, por ejemplo, fue a visitar el famoso Blue Hole y gastó USD$170.

 

¿Por qué visitar Belice?

No conocí la cara turística de país, y no me arrepiento en lo absoluto. Recorrer el interior de Belice fue explorar un micro mundo culturalmente ajeno, pero geográficamente perteneciente a Centroamérica. En el territorio continental del país puede no haber grandes atractivos, y la capital puede ser bastante decepcionante, pero en Belice ocurren cosas que son difíciles de experimentar en otros lugares.

 En Belice es posible:

  • Caminar por las calles de Belmopan, la capital más chiquita de todo el continente americano, con solo 16,000 habitantes.
  • Ver ¡puestos de fruta! a un costado de la pista de aterrizaje de la capital.
  • Oír el noticiero nacional y sentir que estás escuchando el radio de un pueblito mínimo.
  • Conocer el mosaico cultural del que hablé anteriormente, y sorprenderte con la convivencia de tantas culturas en un territorio tan pequeño.

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